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Los Xenobots aprendieron a multiplicarse

Hace cien años, una obra de teatro checa acuñó la palabra ‘robot’ para referirse a una máquina hecha de materia orgánica sintética. Hoy, los científicos dieron vida a un poco de esa visión con xenobots.

Los xenobots son pequeños robots hechos de células vivas y se están volviendo bastante buenos para autorreplicarse (en una placa de Petri). Hace poco más de cien años después que la palabra robot fue presentada al mundo en una obra de teatro checa. Desde entonces la visión de ciencia ficción de las formas de vida sintéticas parece más cercana a la realidad que nunca. Entonces, ¿nos maravillamos con este avance científico y nos regocijamos en todo su potencial? (como diseñar y construir órganos a medida para personas necesitadas). La otra opción es atrevernos a la inmersión en ese grupo de ciencia ficción de escenarios catastróficos del fin del mundo que se derivan de la combinación impía de ‘vida’ y ‘robot’.

xenobots en microscopio

Características de los Xenobots

Debemos ser conscientes que no se tratan de ‘nanobots‘. Los xenobots son robots vivos, es decir, con células y moléculas vivas. Estos robots han sido diseñados en un ordenador para que posteriormente un robot les diera forma. «Las células musculares palpitan, así que dependiendo del diseño que se le de al xenobot, conseguiremos un tipo de movimiento más rápido o más lento» explicó el responsable del proyecto.

Podemos añadir que una de las peculiaridades de las células de los xenobots es que una vez han sido ensambladas, empiezan a trabajar juntas. De este proceso se genera un sistema vivo y estas mismas células se organizan a ellas mismas. Además si se dispone de una fuente de energía embrionaria, los organismos de los xenobots se pueden reconfigurar y desplazarse de una forma coherente y programada durante días.

programación de Xenobots

Según Sam Kriegman y Douglas Blackiston, los investigadores responsables de los xenobots , la respuesta es un poco de ambas cosas. El potencial de estos diminutos bots es prácticamente infinito, pero su existencia también plantea importantes cuestiones filosóficas y éticas sobre los límites que los humanos deberían poner a la IA y la tecnología en las próximas décadas.

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